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LUCES Y SOMBRAS PURPURAS. Deep Purple.
La Cubierta (Leganés) octubre 2003
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por Jose Carlos Reinoso, desde Madrid, España-

  Me resulta curioso recordar lo acontecido ese día (y noche): tengo una sensación agridulce, en la que se encuentran, en partes casi iguales, las luces y las sombras. Luces por la fiesta que es en sí misma una actuación de la legendaria banda, la nueva formación, el nuevo álbum, la soberbia (aunque apática) ejecución de los temas, el excelente estado de la voz de Gillan, la aportación de Airey, la mesura con la que se comportó Steve Morse... Sombras por las bandas teloneras, el repertorio, la acústica del local, la falta de Lord y Blackmore, la apática (aunque soberbia) interpretación de los temas... Pero vayamos al grano.  

 

El concierto fue una auténtica fiesta. Lleno “hasta la bandera”, la nueva visita de Deep Purple se trataba de un acontecimiento de envergadura, aunque la actual formación de la banda no se parezca en casi nada a la original. Además, una serie de circunstancias “especiales”(la reciente salida al mercado de su último trabajo, “Bananas”, la gran calidad del mismo, sobre todo en comparación con anteriores obras, y la incorporación a los teclados del magnífico Don Airey) no hacían si no aumentar la expectación.  

 

Pero no todo fue tan maravilloso. La elección de los teloneros fue, en mi opinión, bastante desafortunada. Amset, la supuesta nueva esperanza del metal hispano, me parecieron fuera de lugar, pues su estilo musical no está en consonancia con las estrellas del cartel. Además, su directo no me gustó: su vocalista deja bastante que desear, y los temas me sonaron excesivamente simples, faltos de arreglos. La actuación de la otra banda, los veteranos Obús, me hubiera encantado hace 15 años, pues repasaron todos sus clásicos y no sonaron del todo mal, pero tampoco me parecieron una elección acertada. En la actualidad me producen una sensación de anacronismo en sus poses, sus letras, su actitud en general, aunque lo más probable es que todo esto me suceda porque ya no soy ningún “chaval”, precisamente... Por otra parte, la acústica del lugar elegido para el show es cualquier cosa menos buena. Aunque parezca mentira, no había tenido oportunidad de visitar “La Cubierta” hasta este día, pero ya me habían hablado de los rebotes en el sonido que se producen en la peculiar estructura del edificio, y pude comprobar en persona la veracidad de dichos comentarios. Es una auténtica vergüenza que tengamos que acudir a lugares tan “exóticos” como una discoteca de “pijos” (léase “Macumba”), plazas de toros (“Las Ventas” o la que nos ocupa), o en el mejor de los casos, pabellones de deportes (el incendiado “Palacio”, o el de algún otro municipio cercano), con todos los inconvenientes que conllevan lugares que no están preparados para celebrar conciertos. Por cierto, ¿qué pasa con el “Rockódromo”?. ¡¡Ah, perdón!!, que se levantó para acoger torneos de tenis... Somos el hazmerreir de Europa en todo lo referente al mundo de la música, y lo peor de todo es que no se ven intenciones ni posibilidades de arreglo...

Pero sigamos con las luces y las sombras, esta vez centradas en los propios Purple. Sigo diciendo que son los mejores en directo, no lo dudéis, y con la llegada de Airey dicha afirmación se puede mantener sin ningún problema. Es más, la banda está más compensada, pues Morse ha dejado de ser tan omnipresente, tan abrumador. Ahora, el equilibrio guitarra/teclados nos permite aproximarnos más a la verdadera esencia de Deep Purple. Pero el repertorio sigue siendo básicamente el mismo, excepción hecha, como es obvio, de los temas del nuevo álbum. Estamos de acuerdo en que himnos como “Highway star” o “Smoke on the water” son imprescindibles en cualquier actuación de la banda, pero  hablamos de un grupo con 35 años de historia, con 17 discos en estudio, y con una enorme cantidad de canciones para elegir. En este concierto, de los 14 temas que sonaron, 8, es decir, más del 50%, fueron compuestos antes de 1974, y de los seis restantes, 5 correspondieron a “Bananas”. Por tanto nos encontramos con que eligieron un solo tema  (concretamente “Perfect strangers”) de los periodos 1974-1976 y 1984-2002, es decir, una canción de ¡¡¡21 años!!! ¿Tan mal lo hicieron en esa época? Ya sabemos que Gillan no quiere (o quizás no se atreva) a interpretar temas de otros vocalistas, pero, ¿qué pasa con excelentes canciones como “Nobody’s home”, “A gypsy kiss”, “Under the gun”, “Hungry daze” “Wasted sunset”, “Knocking at your back door”, “Bad attitude”, “Spanish archer”, “The unwritten law”, “Anya”...? En mi opinión, la elección de alguno de estos títulos daría una nueva dimensión a los conciertos de la banda, pues yo, personalmente, estoy un poco cansado (si esto se puede decir) de “Space truckin’”, “Lazy” o “Black night”, y sobre todo si cierto señor de negro no está a la guitarra, al que, por cierto, he echado de menos enormemente, mucho más que en anteriores visitas con Morse. ¿Por qué? Pues después de reflexionar sobre ello he llegado a las siguientes conclusiones:

1º) Por fin la banda crea un álbum con verdadero sonido Purple. La agobiante guitarra de Morse es sacrificada en beneficio del sonido global. Evidentemente esto se traslada al concierto, pues si a los temas de Blackmore le sumamos los del último disco, el resultado es ¡¡la totalidad del concierto!!!, o lo que es lo mismo, ni un solo corte de “Abandon” o “Purpendicular”, donde Morse se explayaba a gusto. No hace falta decir que a Blackmore se le extraña en los clásicos, pues él los compuso, pero también se le echa de menos en los del último álbum, mucho menos progresivo, más rockero. Y ahí precisamente voy: Deep Purple necesita un guitarrista de rock and roll, una guitarra hiriente, que te llegue a las entrañas, no tanta técnica fría, tanto sonido “progresivo-jazzy-pastoso”.

2º) Morse ya no está a gusto. Quizá me aventuro demasiado, pero yo noté un abismo en su actitud con respecto a conciertos anteriores. Se le notaba algo ausente e indiferente. Se me ocurre que Lord no participaba demasiado (por no decir nada) en el proceso compositivo de la banda, y Steve hacía y deshacía con mayor comodidad que ahora con Airey, del que sabemos su entusiasmo por pertenecer a la leyenda púrpura. Si a esto le añadimos el disgusto que le crea andar de gira mes sí y mes también, podríamos comprender su situación.

Evidentemente son sólo elucubraciones, pero también se especuló sobre lo mismo respecto de Jon Lord, y luego, ¿qué pasó?. En fin, pasemos a otro asunto.

No se me debe olvidar comentar la actuación de cada uno de los miembros de la banda, aunque ya me he referido anteriormente a algunos de ellos. Concretamente, Ian Gillan me gustó tanto o más que en otras ocasiones, y hay que resaltar que resulta casi milagrosa la recuperación de su voz. Pese a algunos fallos más que evidentes (en “Hush” y “Space truckin´”), y una cierta distancia respecto de la audiencia (en otras ocasiones lo sentí más cálido, más metido en el show) el resto de la actuación se puede catalogar como brillante. Aun así, es obvio que ha perdido mucha fuerza en su voz, y los graves y los agudos no son los mismos. Steve Morse, como ya he indicado, estuvo muy comedido respecto de actuaciones anteriores, lo cual benefició enormemente el sonido de la banda. En el sólo también estuvo “contenido”, aunque tuvo tiempo para demostrar su gran técnica y sabiduría guitarrera. A pesar de todo, no me acaba de llenar, y considero que Deep Purple debería prescindir de sus servicios. Roger Glover... en fin, poco puedo decir sobre él. Perfecto, sobrio y feliz (como casi siempre). Don Airey fue la gran sorpresa, la gran estrella y lo mejor del concierto sin duda ninguna. Magnífico, ha inyectado savia nueva al viejo árbol Púrpura. Se marchó el maestro, pero llegó el mejor discípulo, y además estoy seguro de que su trabajo compositivo es mucho más importante que el de su predecesor. En definitiva, la gran esperanza púrpura. Y finalmente, Ian Paice, al que no vamos a descubrir ahora precisamente, pero al que advertí contagiado de la apatía de Gillan y de la sobriedad de Morse. En fin, correcto pero no brillante (como suele ser habitual en él).

Y pasando a los temas, me gustaron mucho “House of  pain” (Deep Purple en estado puro), “Haunted” (absolutamente maravillosa), “Highway star” (con un comienzo idéntico al de la versión original del “Machine head” y además abriendo el concierto, como debe ser), “Hush” (a pesar de que Gillan no llegó a algunos agudos) y “Perfect strangers” (grandioso Airey); algo menos “Woman from Tokyo”, “Silver tongue”, “I’ve got your number” y “Strange kind of woman”, y me aburrieron “un poquito” “Black night” (sin Ritchie no es lo mismo), “Lazy”, “Space truckin” (la peor interpretación de la noche), “Contact lost” (instrumental de Morse) y “Smoke on the water”.

Quizá esté pecando de exigente, pues no puedo decir que no me divirtiera (mi sensación tras el concierto era de total felicidad), pero una vez analizadas todas las circunstancias, creo que podemos y debemos pedir más: pedir otro set-list a nuestra banda, pedir mejores lugares para los conciertos, pedir mejores teloneros, pedir que vuelva Blackmore. 
(por pedir que no quede ;-).

En resumen: una noche magnífica, aunque pudo ser mejor. 


Nota: Jose Carlos, querido amigo, muchas gracias por este completo y maravillloso comentario. Mediante el mismo, es como si todos hubiesemos estado alli. Tu mirada ha trascendido las distancias y las culturas, porque el sentimiento hacia la musica verdadero no conoce fronteras ni idiomas. Solo sucede y es el mismo en todas partes. Un saludo, desde Buenos Aires. Myriam. 
-pedir que vuelva Blackmore, que bueno :-) me adhiero.... y agreguemos que vuelva Lord, tambien.... ;-) 

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